No obstante, la FAO advierte que de ese porcentaje, la mayoría (4 millones) se perdió en América Latina, con diversos grados de responsabilidad entre las naciones. Por ejemplo, México y Centroamérica, después de una época bastante “deforestadora”, han alcanzado una situación de estabilidad. A su vez, Brasil, país que durante muchos años estuvo en la mira por su política agrícola expansiva, ha logrado reducir en el 80% su deforestación, que ahora se encuentra en el orden de las 60 mil hectáreas por año. Finalmente, mientras Argentina y Colombia registran estadísticas cercanas a la media, Ecuador y Bolivia (con un promedio de 250 mil hectáreas eliminadas al año) lideran la lista con la mayor tasa de deforestación.
Otra diferencia que resalta la organización de la ONU es que, mientras en el continente africano la deforestación que se presenta es a pequeña escala, en la región se da a gran escala. La diferencia entre ambas es que si bien la primera genera fuertes impactos medioambientales, el bosque acaba recuperándose en el corto plazo, en forma similar a una cicatriz dentro de un organismo vivo. Mientras que la deforestación a gran escala no tiene oportunidad de recuperarse.
Ahora bien, cabe aclarar que en el país, así como en otras naciones de América Latina, la deforestación se debe principalmente al acondicionamiento de suelos para la extensión de la frontera agrícola (sobre todo para cultivos de soya y caña de azúcar) y para la ganadería. De ahí que para contener la pérdida de áreas boscosas en Bolivia, con todos los impactos negativos que ello significa para la biodiversidad, hacen falta programas alternativos de desarrollo y una mayor cooperación internacional, ya que responde a necesidades sociales y criterios económicos.
Fuente: La Razon
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